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Poemas de Quejido, canto y arrullo

Por Yeny Díaz Wentén

El año 2024, la poeta mapuche Yeny Díaz Wentén obtuvo el segundo lugar en el Premio Mejores Obras Literarias Publicadas del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, en la categoría de poesía, por su libro Quejido, canto y arrullo (Garceta Ediciones, 2023). A continuación, compartimos una muestra de su reciente publicación y el poema «Nosotras», leído por la autora.


Beatriz González Vilches

Porque no se sabe si es Dios o el Diablo quién carga 

el arma

y el Diablo llama al miedo al corazón y Dios llama a la 

         devoción a la locura

y se prenden dentro tuyo todas esas cosas tan infinitas 

llenas de dedos y balas

y era yo toda la hermosa de mi familia

y era yo toda la cuna de mi chiquita con dos estrellas

encendía mi casa que soy yo,

una casa?

una casa que era yo anidando

ahora me veo gusanillos hormigas, chanchitos de tierra

espigas brotes pájaros y tierra dentro de las órbitas de mis 

           huesos

la pelvis se llenó de arenilla y terrones en una casa 

des armada.

Porque no se sabe si es Dios o el Diablo quién carga 

el arma

y el Diablo llama al miedo al corazón y Dios llama a la 

            devoción a la locura

no sé si fue el calor o la rabia de febrero

de saber sobre el otoño cercano.

Pero si usted me pregunta qué es morir no lo sé,

yo estoy tan llena de vida de vida.

Pero si usted me pregunta con dieciséis años que podría 

decir de vivir?

mi casa de antes era muy parecida

a esta, pero con menos arena y bichitos y tenía una hija

una hijita de carne y pulsos y una casa des armada.

Porque no se sabe si es Dios o el Diablo quién carga 

el arma

y el Diablo llama al miedo al corazón y Dios llama a la

           devoción a la locura

sabe yo nunca fui la enamorada de Dante y nunca existió 

un paraíso

y las niñas que se vinieron conmigo confiamos a las vivas 

          nuestras crías

bestias cuidaran de las que quedamos

y yo seré eternamente el fantasma en la mano

siniestra del que vive en el calabozo en un eterno verano 

de espanto

y yo seré eternamente el fantasma en la mano

siniestra del que vive en el calabozo

porque con 16 soy el recuerdo terrible de que las armas 

            las cargan los enamorados

porque con 16 conocí los círculos de los infiernos en una 

casa des armada

porque soy Beatriz González Vilches de Rengo y supe 

                                                           quién carga las armas

desde mis raíces de tumba murmuro estos versos.


Casa IV

Las paredes de mi casa tienen trenzas de totora, junco y pelo 

las mujeres antiguas me enseñaron de cenizas y  

a tejer murallas altísimas, tan altas que de todas 

me destaqué por ser la más sola dellas en 

la delicadeza del embrutecimiento y la soledad de la tozudez. 

Las mujeres de mi familia me enseñaron 

a formar casa

a trenzar grandes murallas de quila

paredes tan altas extensas

de todas me he destacado en la confección de mi propio

[confinamiento

lucida como una ave extraordinaria

Mi casa tiene trenzas de junco y totora,

pelo de las antiguas y penas firmes

aprendí de las mejores solas

de las más fuertes y toscas la delicadeza del 

embrutecimiento del corazón poco a poco

cada vuelta se cierra más el pecho 

aprendí de las mejores artesanas de las gatas más hábiles

las albañiles del penar

las tejedoras de la soledad 

calladitas encorvándose entre los recuerdos

siempre azuzando el fuego, revolviendo la ceniza para limpiar 

los trastes los dientes.

Audio del poema leído por la poeta

Nosotras

Deberíamos mirar hacia atrás 

¡mirar hacia atrás, hacia todos los puntos!

todos esos puntos con sus ojos y sus dirán,

porque desde que sé, todo siempre se hizo sal

o pecado o vida

a la mirada de los hombres.

Los cardos, la lágrima y esas pequeñas flores del canto

las esporas, la totora que se tejió a nuestro ver.

En una partícula de la quila crecida,

en la coronilla de la divina misericordia se indicó  

al pecho de la Virgen, a los pies amarrados de las niñas

en los muñones de las que robaron de mentira,

que todo sería sal que todo sería nada 

por tocar con nuestros ojos el paisaje.

Ahora mientras rezo estas palabras y se invoca

a las almas de las que nos amaron

no mirar hacia atrás se borró de los huesos de nosotras.

Deberíamos mirar hacia atrás 

¡mirar hacia atrás, hacia todos los puntos!

todos esos puntos con sus ojos y sus dirán

porque desde que sé, todo siempre se hizo sal

o pecado o vida

a la mirada de los hombres y de aquellas mujeres del miedo.

Ahora mientras invoco los nombres de las que no están

me vuelvo urco o paloma, flecha o caricia

y soy libre de caminar hasta las crestas grandiosas 

o de posarme en la gota de sudor que se apaga en tu ingle

mirar desde ahí siendo la absoluta la más poderosa  

el acanto  dulce o ese veneno delicado.

Por eso ahora mientras invoco los nombres de las que no están

me vuelvo me vuelo yo en los cuatros puntos

en mi pecado o en mi vida 

lejos de la mirada de los hombres y de aquellas mujeres del miedo.


Despedida

En los pastizales duros, esos de chépica rasposos

dese pasto que corta la carne al jugar,

en ese monte despierto yo mujer sobre un vacuno,

el rey de las pezuñas plateadas que se duerme callado

y agacha la cabeza ante Dios para dormir,

yo mujer, despierto en la panza caída de mi amor rumiante.

Se ha rendido antes de la tormenta que cubre a mi azabache,

ni moscas ni grillos acompañan este velorio soy yo solita

ahora, la que ve dormir a mi vacuno negro al galano de mi laberinto

y pienso sobre su abdomen que se viene el cielo tan oscuro,

que el pasto se tornó quemado y me puse más morena

y luego más pálida alguien alguno venga hay que cavar un foso

con tal hondura donde entre mi hermoso y mi amor.

Se acerca el viento con sus nubes, pero no nos movemos

lágrima y gota se despiden, 

que enorme se volvió mi amor para cubrir su muerte

alguien alguno venga con hondura a cavar un foso,

el viento viene pero no nos movemos aún estamos desahuciándonos?

que pestañas más quietas y pezuñas más brillantes

no hablo de sus ojos que ya no miran más que cielo.

Los vacunos rojos de las pesadillas se han llevado a mi cariño

mi pelo enredado en cuernos se tejen como riendas,

hay que liberarlo dice la tormenta he sacado mi cuchillo

y a ras de mi cuero lo he cortado como todo lazo a

este enamorado en este pasto rojo 

porque la muerte

quema donde se posa la vida 

y otro canto en otra 

parte ya me ha dado.


Las tres

para Verito, Marina y Alicia

Una mujer respira

una mujer respira junto a otra 

una aprieta los labios y cierra los ojos

la otra le toma la mano y esa mujer vuelve a respirar

Otra vez una mujer respira mientras la 

otra se agarra y se agrieta como las granadas

maduras rojas deliciosas a gritos a jugos.

Esa mujer como un río que rompe trae a otra mujer consigo

y respiran las dos en un alivio 

y luego viene en un asomo otra mujer

y crujen los huesos  esos de las caderas 

ceden las carnes y aparece otro botón aullando 

en otra vida  y una mujer respira  y llora

la otra mujer respira en un descanso

y saludando la mujer más pequeña llora y llora 

y esta es la nueva vida la historia de cómo una mujer se divide

en muchas siendo una semilla infinita de sí misma.


Yeny Díaz Wentén

Nacida en Los Ángeles en 1983. Es profesora de educación general básica y licenciada en Educación por la Universidad de Concepción. Ha publicado Exhumaciones (2010), Animitas (2015) y La hija de la lavandera (2018). En 2020, su trabajo fue incluido en la antología narrativa No te pertenece, y en 2022 en la antología Hernández, Panes y Díaz Wentén. En 2023, lanzó su libro Quejido, canto y arrullo, obra que obtuvo el segundo lugar en los Premios Literarios del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio en 2024.