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Oralidad, retorno y justicia: las hebras de Ángeles Cruz en Nudo Mixteco

Por Daniela Catrileo

Por Daniela Catrileo

«Sentía que no pertenecía a este mundo, fantaseaba que volaba/ Que un día iba a desaparecer y convertirme en lluvia/Pero fue pasando el tiempo, me di cuenta que no podía escapar». Con esta cita en lengua mixteca y en castellano comienza el filme Nudo mixteco de la cineasta y actriz Ángeles Cruz, ambos idiomas se mezclan a lo largo de las escenas como hebras cardinales de los relatos que allí convergen. Se enredan al paisaje sonoro del viaje y la diáspora: desde la ciudad hasta el pueblo. En la película las lenguas rugen como ecos entre los cerros, el panteón, las piedras y el río, concediendo a la oralidad una cadencia fundamental del territorio.

Asimismo, las palabras de la epígrafe nos revelan un porvenir: diversas tramas que se revuelven en esa frase final ¿De dónde se quiere escapar? Pronto nos damos cuenta que aquella anhelada fuga se traduce como un lugar en particular: San Mateo, un poblado de la mixteca oaxaqueña, donde en plena celebración de la fiesta patronal se imbrican las historias y las memorias de la comunidad, especialmente de tres mujeres como personajes principales: María, Chabela y Toña.

Sin embargo, no todo es un intento de escape, ni tampoco un retorno absoluto, porque en aquella urdimbre cada mujer busca la posibilidad de justicia contra las violencias que han experimentado. Esa búsqueda se moviliza desde el perdón al padre, la libertad de vivir el amor entre mujeres, la emancipación conyugal o la reparación después de los abusos sexuales en la infancia. Una cuestión significativa de la obra es que la perspectiva política y sensible de la cineasta, ubica a los personajes no desde un ojo antropológico, sino como sujetas que asumen decisiones individuales, pero al mismo tiempo están inmersas en la política comunal como parte de su tejido asambleario.

El filme no puede escindirse de la figura de su nominación, pues es el nudo como estructura, figura relacional, vínculo y escritura lo que aferra a esa comunidad, a las lenguas y a todo ese entramado bello y triste de calles estrechas, niños que cuelgan, guirnaldas de colores, casas de madera, camas que rechinan y mujeres que se besan. Cada uno de sus elementos son parte del lenguaje sensible que se extiende lentamente hacia el interior del territorio.

Finalmente, el elemento de la música es parte del montaje estético de lenguas y sonoridades de la película. Sobre todo los cantos y ritmos fúnebres, la banda de fiesta y esa hermosa canción entre el mixteco y el castellano escrita por Lila Downs, quien aparece ante el fuego y nos canta el final con su voz inmersa en la trama imaginada por Ángeles Cruz. Nos dice con fuerza: «volví al refugio de razas de piedra y de lodo, al seno de sangre manchada por todo». Nudo mixteco es oralidad, retorno y justicia, una poética de la diáspora y la comunidad indígena, hebras  imposibles de fragmentar.


Daniela Catrileo

Escritora mapuche y profesora de filosofía. Ha publicado los libros de poesía: «Río herido» (Edicola, 2016), «Guerra florida» (Del Aire, 2018), las plaquettes: «El territorio del viaje» (2017), «Las aguas dejaron de unirse a otras aguas» (Libros del Pez espiral, 2020) y el libro de cuentos: «Piñen» (Libros del Pez espiral, 2019). Es integrante del Colectivo Rangiñtulewfü, forma parte del equipo editorial de Revista Yene y la Cooperativa editorial Chillka. Se dedica a la edición, docencia e investigación independiente.


Intervención de imagen: Sebastián Calfuqueo

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