Al virus se le está asignando una corporalidad

Por Astrid González

¿Cuál ha sido la prioridad política, salvar la economía o salvar poblaciones? Nos dicen que podemos escapar de la muerte o posponerla con el aislamiento, pero en este diseño de mundo no sólo se muere por no guardarse en casa.

Los gobiernos han decidido quienes viven y quienes mueren, al igual que las condiciones para hacerlo. La lógica sistemática del capitalismo está fundada en la distribución desigual de oportunidades para vivir y morir. Ya lo expuso en el 2003 el filósofo camerunés Achille Mbembe, cuando hablaba de necropolítica como un concepto que se refiere, a la política basada en la idea de que existen vidas más valiosas que otras, y a estas últimas se busca dejarlas morir creando estrategias institucionales que minimicen su garantía vital. No funciona per se, dado que los excluidos son aquellos no rentables, los que no producen ni consumen, en su mayoría, somos aquellos que sólo existimos.

Aquí se vende una falsa idea de seguridad de vida, garantizada a partir de la negociación entre restringir y perder soberanía de nuestra libertad y derechos. El capitalismo te fabrica enemigos desechables, y admite argumentos raciales localizados, justificando así la estigmatización, invisibilización y muerte.  

Francia Márquez -una mujer activadora social afro- interpreta en voz alta el sentimiento de comunidades racializadas en Colombia cuando dice que en nombre del desarrollo se esclavizó a los ancestros y ancestras de los pueblos, se ha saqueado al país y se han expulsado a comunidades originarias y negras de sus territorios étnicos y nativos. Todo por una política de la muerte que se ha vendido camuflada como avance económico y bienestar social, y no es más que una política basada en fuentes racistas, en la barbarie de asumir que se crearon seres superiores a “otros” en donde los primeros pueden definir la vida y los derechos de los demás.

Sigue siendo Colombia el país en Latinoamérica que más ha asesinado a personas defensoras de sus territorios y la dignidad humana en los últimos años. Hoy cuando se asume que estar en casa nos asegura no morir, cada mañana amanece otro líder social asesinado. Pareciera una ceremonia de subasta ver los números de contagios y muertes ser publicados y resaltados, cuando no ha sido así antes con las muertes de las dirigentes del campo.

Están reproduciendo figuras coloniales.

¿Cómo opera el racismo en tiempos de crisis? Es necesario entender a la raza como un instrumento para pensar y representar el mundo, como un dispositivo que crea y gestiona las diferencias a partir de desigualdades sociopolíticas y económicas. Esa jerarquización deriva de su naturaleza, es decir, del entorno y su tecnología. Dicha naturaleza finalmente es corporalizada. La invención de la raza se trata de formaciones que producen imágenes y representaciones para pensarse el mundo. Es por esto que los grupos dominantes, los creadores del concepto de raza, han sido los encargados del manejo mediático y simbólico de nuestra participación en la historia universal.

La discriminación que supone raza, es decir, que es en nombre de la raza, es denominada racismo: un sistema complejo de dominación que trabaja en aras de la inequidad. Y la hemos visto operando en subsistemas; el cognitivo o analítico, y el social. El cognitivo o analítico es la plataforma con la cual se piensa al territorio y a su gente en función de la consagración de las violencias raciales, son los eventos y relaciones enraizadas en pensamientos y prácticas sistemáticas de prejuicios e ideologías primitivistas y esencialistas.

En el ámbito social, las nociones de raza suceden en las experiencias cotidianas, como prácticas discriminatorias que generan y naturalizan diálogos de poder por parte de grupos dominantes, segregando y distanciando a todo lo que se diferencie de su grupo.

La negación de la existencia de razas humanas por parte de la ciencia de inicios del siglo XX, es el argumento del racismo daltónico[1]; que supone que no son importantes las consecuencias de la invención de la raza y su aplicación e institucionalización. Dicha precisión viene acompañada de la negación de causas, responsables y consecuencias simbólicas y tácitas del racismo.

Hoy en el mundo existe un pánico moral, que presagia el desmoronamiento y la destrucción del sistema de vida tal y como le conocemos. Es un mal que amenaza el bienestar de las sociedades. Cuerpos negros inmigrantes o nacionales están siendo vistos, socialmente, como un agente patógeno que atenta contra la salud de las naciones higienizadas. El alto número de muertos afrodescendientes en Estados Unidos, responde a la brecha de desigualdad histórica de su existencia en ese país, que es consecuencia del entramado sistema de segregación que limita las posibilidades a optar por una salud digna en casos de emergencia. Sin embargo, ante los ojos del racismo daltónico, sólo son cuerpos negros siendo contagiados en masa.

Actualmente denuncian en China el persistente hostigamiento y la humillación a los ciudadanos africanos, a lo que se suman presiones de Estados Unidos para que se produzcan conflictos y futuras rupturas en la relación diplomática entre China y países del continente africano. Y no es más que una relación que se reduce a lo comercial, bajo el tamiz de una pseudo hermandad tras un pasado común de dominación y colonización, pero que continúa consintiendo matices neocolonialistas.

Se suma también el descontento de organizaciones afro a nivel mundial por los comentarios de un médico francés que, en una rueda de prensa abierta, invita a realizar exámenes y pruebas de vacunación en personas africanas, afirmando que en este continente hay mayor despreocupación por protegerse del virus.

Otro episodio por nombrar sucede en Chile, en donde se publican fotografías de mujeres afrodescendientes con mascarillas bajo grandes títulos de cuarentena y virus. Días después se allana, con cámaras de noticieros, casas de inmigrantes haitianos tras sospechas de contagios. Fueron tres días en los que el ejército, grupos policiales de tránsitos migratorios, más los canales de televisión, sostuvieron como prioridad registrar cada detalle de la situación hasta finalmente lograr el desalojo de todos los que allí vivían, contagiados y no contagiados. De esta manera es posible observar como la mediatización del conflicto y el despliegue de dispositivos del estado operan en favor de reafirmar el racismo.

El pánico moral que coloca a los habitantes de barrios a temer por costear su salud, por la pérdida de sus trabajos tras las oleadas de migración caribeña, es el mismo que hoy se va sofisticando para socialmente sembrar sospechas del vecino negro. De esta manera se visibiliza como se trenzan las nociones de racismo social, y la idea de una falsa seguridad garantizada, con las tomas de decisiones de quiénes tienen derecho prioritario para vivir aquí y allá.

Desde la fundación de naciones se ha afirmado que hay verdades obvias, que seres han sido creados y pensados para existir como iguales porque fueron dotados por derechos inalienables como la salud, la felicidad, la vida y la educación, a menos que pertenezcas a ciertos grupos. Para algunos esas verdades no tienen nada de obvias, la crisis sanitaria llegó hace unos pocos meses para resaltar y confirmar que hace mucho tiempo los sistemas que nos gobiernan y sus estrategias de representación, se han encargado de buscar validación eliminando al “otro”.


[1] Extraído de Stay woke: a people´s guide to making all black lives matter. De Candis Watts Smith y Tehama Lopez Bunyasi. Publicado en el 2019.


Astrid González

Artista afrocolombiana y residente en Chile. Le interesan las reflexiones sobre los procesos sociales e históricos de las comunidades negras, las luchas de libertades, los caminos de dignificación afro, y los sistemas de representación visual de dichos procesos. Actualmente trabaja en conjunto con colectivos de mujeres afrodiaspóricas a propósito de la visibilización y reconocimiento de mujeres negras desde sus localidades.