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Linaw maipuche (o el rebrote champurria)

Por María Kualidad

-Santiago waria mew. Maipú mew.-

Es un mediodía más de un domingo, pero en circunstancias extrañas (por decir lo menos). Es un día domingo, el último día de esa estructura temporal creada para organizar la vida productiva. De hecho, es el día improductivo, “el día del señor” (como dicen algunxs) el de más altas tasas de suicidios en el mundo (qué irónico que coincida con el día del señor).

Es domingo, y es octubre 2019. Y después del 18 de octubre, no hay un día normal. Las calles dejaron de ser las de antes, incluso este pedazo de Maipú, donde no había historia de luchas políticas recientes, porque somos todxs villas nuevitas paridas al alero del neoliberalismo que vino con la alegría que nunca llegó para nosotrxs. En estos barrios de gente tranquila, de gente de bien, no como la Villa Francia, Lo Hermida, o esas poblaciones revoltosas donde queman micros, hacen barricadas y se resienten por cosas que ya pasaron.

Ahí, en esa mapu donde nacimos sin tuwün[1] porque transformaron nuestra placenta en bálsamo, uno bien suavecito y rico para que no notáramos la falta de raíz. Ahí, en esa mapu que algunxs traducen como “tierra de cultivo” o “tierra cultivada”, pero donde la gente se acuerda más de la Cathy Barriga que del origen del topónimo de su nombre, porque: Maipú Renace, como si hubiese dejado de ser mapu fértil que está pariendo wekechoyün (nuevos brotes).

Por encima del asfalto mal oliente, frente a las cenizas petrificadas de olor a lata quemada de lo que era el Hiperlider, orgullo y emblema del capitalismo poniente de la fütra waria[2]. Al frente del peladero donde encumbrábamos volantines en esos anhelantes días primaverales de los noventa cuando los volantines no se compraban, sino que se armaban en la casa y les poníamos colita del cassette que se echaba a perder. Ahí donde mismo jugábamos con las loicas antes de que llegara el progreso y el Líder nos mandara a ver tele a nuestras casas, al ritmo de la mayonesa o el “team mekano”. Allí donde se llevaron los volantines, y las loicas también se fueron porque el ruido de los generadores, camiones y autos, terminó aturdiéndolas. Ahí, al frente de ese paisaje tercemundista del Chile neoliberal, el jaguar de Sudamérica (porque pa Nahuel[3] no nos alcanza) ahí, al frente de las cenizas hediondas del líder quemao, ahí nos juntamos con pu lamgen (hermanxs). El colectivo diaspórico Wekechoyün convoca a un linaw[4].

Es domingo, día esperado de la semana para hacer la jugación de linaw. De a poco, comienzan a llegar lxs lamgen, con su mishawün[5], el mate, los termos con agua, las bicicletas, lxs pichi (niñxs), lxs wekeche (jóvenes), las frutas, las preparaciones vegetarianas y veganas, porque somos maipuche del siglo XXI, de esxs que se cuestionan el consumo de carne industrializada, el género y todas esas weás winkas[6] (como dirían algunxs).

Porque jugar linaw en este escenario de represión, de diáspora, sin mongkol de koyof[7], sin lafken (mar) cerca, es un acto no sólo de reinvindicación de lo champurria que somos, sino también de resistencia. Porque la gente pasa y nos queda mirando cuando soltamos nuestros afafán (gritos de aliento y fuerza) al viento para darnos newen (fuerza). Porque la Wenu foye luce hermosa y resistente alzándose entremedio del colihue que me trajo el lamgen Millanao desde Tranguil y me dijo: entrenémonos, lamgen. Porque ese día, ese domingo entremedio de los saqueos, de los afafanes, de los kiñe, epu, küla, meli: awkatuaiñ[8]; pasaron lxs milicxs en su furgón desafiante y nos miraron. Y nos miramos entre nosotrxs, y lxs miramos de vuelta, y así, sin más, como brotan las bellas cosas que nos hacen resistir, soltamos nuestro afafán más fuerte que nunca (meli afafán/cuatro gritos de fuerza). Y nos miraron, y se rieron, y se burlaron. Y nos miramos, y nos sonreímos entre pu lamgen, y nos anewenamos (nos dimos newen). Y de vuelta les gritamos: ¡milicxs culiaxs, asesinxs, devuélvanse a sus cuarteles!.

Durante los domingos seguidos, de manera espontánea y constante, nos juntamos con más ganas a fortalecer nuestro kalül (cuerpo) y nuestro rakizuam (pensamiento) en colectivo. Haciendo correr el mate, haciendo nütram (conversación), hablando el poco de mapudungun que manejamos, fortaleciéndonos y conteniéndonos en medio de lxs muertxs que también comenzaron a brotar en estas tierras maipucinas, que hace años no se teñían de sangre. Y así, nos unimos a las ollas comunes que se alzaron a la par de las asambleas territoriales, y el piño maipuche creció.

Y que sigan brotando los Wekechoyün en todos los territorios.

Femaiñ (así lo haremos).


[1] Tuwün: territorio de origen.

[2]Fütra waria: “gran ciudad” nominación con que suele llamarse a la ciudad de Santiago para el pueblo mapuche.

[3] Nahuel: gran felino habitante de los territorios del sur de Abya Yala.

[4] Linaw: deporte ancestral mapuche donde se utiliza una pequeña pelota.

[5] Mishawün: comida que se comparte entre dos o más personas para afianzar los lazos.

[6] Winka: hace referencia a quienes no son mapuche.

[7] Mongkol de koyof: pelota de cochayuyo con la que se juega el linaw.

[8]kiñe, epu, küla, meli: awkatuaiñ”: esta frase se puede traducir como “un, dos, tres, cuatro: juguemos”.


María Kualidad

Educadora,  champurria, linaotufe. Del colectivo diaspórico Wekechoyün.