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Wiñotuy ti Chilliweke

Por Colectivo Chilliweke

Dibujamos un chilliweke color flúor porque sabemos que está vivo. Este animal registrado en las antiguas crónicas permanece en la memoria de nuestro pueblo. Si escuchamos con atención algunas rogativas, pu machi nombran al weke y piden “que no falte animal en esta tierra”. Como Colectivo Chilliweke nos sumamos a la determinación de Ñamkulawen lof del Puelmapu: “Afirmamos el Genocidio perpetrado pero también nuestra existencia”. Existencia que es posible por la presencia de todxs quienes componemos el territorio: animales, árboles, piedras, aguas, gen y tanto más, y de las relaciones que construimos con el paso de los ciclos.

Las violencias coloniales asumen diversas formas que por supuesto superan a las ejecutadas con la invasión al Wallmapu y los poco más de cien años de posguerra bajo la dominación de los Estados chileno y argentino. Nuestro Itxofillmogen[1] completo se ve sometido a la explotación, degradación y extinción, las che, los kulliñ/üñüm[2], los gen y tantos otros elementos y seres de la mapu reciben y han recibido de alguna u otra forma los embates del colonialismo implacable. Son múltiples las historias que restan por relevar de esa memoria gris, de la que habla Nahuelpan, de nuestra historia mapuche que quedan ocultas, solapadas por la historia oficial o por los relatos más hegemónicos mapuche donde destacan las historias de resistencia bajo la modalidad del weichan[3] clásico. Siempre protagonizadas por che, frecuentemente wentxu. Pero si como mapuche nuestra concepción del mundo sobrepasa al che ¿debería ser nuestra historia también protagonizada por los otros seres que habitan nuestra mapu?, ¿puede un kulliñyem[4]protagonizar un capítulo de nuestra épica mapuche histórica?, ¿puede un ser de ojos tiernos, de figura “maravillosa”, que acompañó y sustentó fielmente por siglos a nuestro pueblo erigirse como una figura de relevancia para nuestros tiempos de reconstrucción nacional y descolonización?

El kulliñ chilliweke fue un camélido que habitó Wallmapu hasta el siglo XVII y hasta la actualidad se debate si provino de la especie de la llama o del guanaco (lama guanicoe)[5]. Entre los relatos mapuche que hablan de su importancia se describe la utilización de su lana para el abrigo y de su carne para subsistencia de nuestro pueblo, además de tener un valor espiritual, pues era utilizado en ceremonias de guillatun y we txipantü. Se le señala como animal domesticado, pero no en el sentido que le damos ahora, más bien, la relación entre nuestrxs antiguxs y este kulliñ, era de ahuachamiento. El chilliweke es un kulliñ que representa ternura. Siempre descrito como manso, bello, incluso maravilloso, se convierte en un ser deslumbrante a ojos de los siempre despectivos cronistas y viajeros. Cautivador del extranjero, también cumplió un rol muy especial en la sociedad mapuche de su época. Fue el ser puro que era señal de paz y alegría (Vargas Pailahueque, 2019)[6].

Por otro lado, ya no lo tenemos, fuimos despojados de su presencia como de tantos otros elementos que la invasión nos quitó. A través de la extinción del chilliweke podemos visualizar el final de culturas, de formas de vidas, de hábitat, etc. Es el colonialismo, el capitalismo y el extractivismo justamente a quienes debemos cuestionar para entender estos procesos de aniquilación. Fueron cazados, era el deporte de los blancos, quienes habían tomado esta práctica inicialmente de subsistencia, transformándola en entretenimiento donde las “bestias” serían para su disfrute y masculinidad occidental.

Como colectivo nos hemos organizado para trabajar desde diferentes espacios de enunciación en los que buscamos re-tomar la memoria del chilliweke como reivindicación política. A través de intervenciones artísticas-performativas, talleres con pichikeche y nutxamtun donde buscamos reestablecer una memoria histórica. Hemos ido descubriendo la importancia de investigar y reconstruir la flora y fauna previa a la invasión española, ya que estos elementos nos sirven como huellas, no para volver al pasado y ver nuestra cultura desde fundamentalismos y esencialismos capaces de replicar en la actualidad, sino para ser conscientes de que existió Wallmapu y desde los actuales espacios contemporáneos hablar como Nación Mapuche.

El chilliweke es un reflejo de nosotrxs como sociedad mapuche, es una imagen diversa. La búsqueda de la reconstrucción del conocimiento/historia sobre el chilliweke puede verse como un espejo de las propias luchas internas champurrias y diaspóricas, la búsqueda de la propia identidad, ¿qué es ser mapuche en la waria? Sin romantizar ni caer en los esencialismos, la importancia del itxofilmogen, de mantener un balance y un respeto sagrado por todo lo que converge en vida, los otros planos y las consecuencias de esos vacíos en la memoria/historia. La realidad actual y la identidad fragmentada.

A través del levantamiento de la figura del chilliweke tratamos de llevar a cabo dos procesos, por una parte, la denuncia del despojo y las violencias sufridas por nuestro pueblo, entendiendo y enlazando la concepción de nuestro pueblo con la de itxofillmogen, donde no sólo sus integrantes son humanos, sino que elementos vitales como el territorio, el agua, los animales también son parte. Este proceso de denuncia es acompañado por la rabia que conlleva el despojo. Por otra parte, buscamos aferrarnos a esa figura acogedora del chilliweke, en la que a través de los propios cuidados y preocupaciones por nuestrxs lamgen también resistimos y buscamos reestablecer el equilibrio de la küme mogen, no de una manera utópica, sino que asumiendo las heridas coloniales. A pesar de las múltiples violencias vividas por nuestro pueblo, el chilliweke nos recuerda que la resistencia también se vive desde los afectos.

Desde los afectos porque a través del despojo colonial nos han quitado la lengua, los territorios, las tierras, los vínculos con otrxs seres, pero no la pertenencia y la identificación como mapuche. Para nosotrxs ese pasado autónomo, como pueblo mapuche sigue existiendo, quizás no en la materialidad de las cosas, pero mientras animales como el nawel, el chilliweke, sean enunciados en las ceremonias, en nuestros apellidos, la proyección de un mañana autónomo seguirá vivo en nuestro rakizuam y piwke.

Reivindicamos así que estos kulliñ son TAIÑ[7] KULLIÑ/ÜÑÜM, no en un sentido posesivo, sino invocando la colectividad del país mapuche, ya que no estamos habitadxs únicamente por che, nuestra idea de país es más amplia. Y denunciamos (como se ha hecho históricamente) que el colonialismo chileno ha ocupado nuestra flora/fauna para levantar sus símbolos en este esfuerzo frankenstiano de formar una nación uniforme. El cinismo de los Estados coloniales[8], responsables contemporáneos del Kullinicidio hoy tienen a estos integrantes de nuestro país en una posición muy delicada, arriesgando en varios casos su desaparición total.

El proceso de wiñoy kintun, la esperanza de mirar hacia atrás para seguir adelante, con la convicción que desde estos pequeños actos de resistencia se puede levantar conciencia sobre la importancia de nuestras raíces y nuestra historia, historia pasada, presente y futura, porque lxs mapuche seguimos y seguiremos creando nuestra historia y a eso apelamos como colectivo, a generar sinergias y reflejos en los entornos en los cuales nos presentamos, a validar y reforzar ese reflejo que es el chilliweke para nosotrxs como nación mapuche.

Mapuche petu mogeley, ti weichan tugkelay, wewaiñ.


[1] Entendemos por itxofillmogen al conjunto de elementos y seres (tangibles e intangibles) que habitan el Wallmapu. Se distinguen la che (gente), los kulliñ/üñüm (animales y aves), elementos naturales como el lafken/mawiza/lewfu, los gen (guardianes) entre otros, que conforman los espacios y tienen relaciones recíprocas y armónicas entre ellos.

[2] Kulliñ hace referencia a los animales. Margarita Canio (2019) en un nütxam “Chilliweke: el Dodo mapuche y las deudas coloniales”, en torno a la figura del chilliweke, específica que se trata de los animales que concretamente tocan tierra y que no tienen la capacidad de volar, por lo tanto, no son sólo los mamíferos. Esta clasificación mapuche incluiría a peces, insectos o aves no voladoras (como el choike). Mientras que los üñüm sería los animales voladores.

[3] Acción de defensa (igkatun) y resistencia frente a las distintas violencias wigka. Tradicionalmente se liga a una dinámica física en la que emerge la figura del weichafe, particularmente presente en los procesos del movimiento mapuche contemporáneo, cuyo rol es usualmente desplegado por pu wentxu (hombres).

[4] Animal que ya no está, animal muerto, animal de nostalgia. Yem: difunto muerto (usualmente personas), cosas que ya no existen y que inspiran nostalgia. En Mapuzuguletuaiñ (2020). Nemülkawe A1. Autoedición; y Antipani, Hugo y Lincofil, Edward (2019). Poemario de Juan Elías Carrera o Necul. Ediciones Comunidad de Historia Mapuche: Temuko.

[5] La principal diferencia entre estas dos especies de la familia de los camélidos, es precisamente que la llama se reconoce como un camélido doméstico, mientras que el guanaco es del todo salvaje. La ciencia occidental hegemónica indica que los camélidos surgieron en lo que actualmente se denomina América del Norte hace 45 millones de años y en específico las llamas aparecen entre 9 – 11 millones de años en esa misma mapu, desde allí se habrían desplazado al Tawantisuyo y posteriormente a Wallmapu. En Abya Yala su domesticación se concentra en Los Andes y este proceso habría ocurrido entre los 9000 y los 2500 años A.C. En Pinto Jimenes, C., Martín Espada, C., y& Cid Vázquez, M. (2010). CAMÉLIDOS SUDAMERICANOS: CLASIFICACIÓN, ORIGEN Y CARACTERÍSTICAS. Revista Complutense de Ciencias Veterinarias, 23-36.

[6] Vargas-Paillaweke, Cristian (diciembre 2019). Memoria y archivo en torno al Chilliweke. En Nütxam “Chilliweke: el Dodo mapuche y las deudas coloniales”. Temuko.

[7] Taiñ significa nuestro/a, forma posesiva del plural nosotrxs (inchiñ).

[8] Se enorgullecen estéticamente de nuestros külliñ ka üñüm, pero su sistema económico degrada los hogares de nuestros seres, los cazan (como lo permiten con el Pangui en Argentina), introducen especies exógenas y los colocan en estado de extinción.


Colectivo Chilliweke

El Colectivo Chilliweke se origina en Temuco en Julio de 2018, sus integrantes son Stefanie Pacheco Pailahual, Ange Valderrama Cayuman, Katherina Palma Millanao, Pedro Barría Llamunao y Carla Llamunao Vega. Entre sus actividades más destacadas se encuentran: Intervención en el Konun Wenu, Taller para pichikeche, Nütxam “Chilliweke: el Dodo mapuche y las deudas coloniales”. Ha contado con la colaboración de Alina Namunkura, Camila Lorca, Paula Baeza Pailamilla, Francisco Vargas Huaiquimilla, Margarita Canio, Paula Huenchumil y Cristian Vargas Paillahueque.

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