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Ingrid Conejeros y la represión de Estado: “Armas de guerra para combatir a un pueblo que no tiene guerra”

Por Ange Valderrama Cayuman

Ingrid Conejeros se comprometió el año 2016 en el acompañamiento y vocería de la machi Francisca Linconao Huircapan. Fue werken de la autoridad espiritual mapuche judicializada injustamente por el Estado Chileno. A partir de esta experiencia, la educadora y ngürekafe (tejedora), ha estado presente en diversas instancias y procesos en torno a la defensa de autoridades, dirigentes y lamngen mapuche criminalizados en los últimos tiempos.

Hace un año comenzamos una conversación para profundizar en la intimidad de un proceso de “defensa popular mapuche” que alcanzó altos niveles de visibilidad y que comprendió acciones de apoyo de miles de personas, desde cercanos y lejanos territorios.  Hemos retomado esta conversación en tiempos en los que nuevos hechos  de violencia del Estado contra el pueblo mapuche y de contextos mundiales adversos, hacen necesaria la reflexión en la contingencia.

Ingrid, ¿cómo recuerdas el inicio de tu proceso de vocería de la machi Francisca Linconao?

En marzo de 2016 me enteré por las noticias, como muchas personas, que habían tomado detenidos a algunos lamngen por el caso Luchsinger-Mackay. Lo que me llamó la atención es que había una machi, una mujer mayor entre ellos. Con una lamngen dijimos “vamos a verla a la cárcel”. Un tiempo después, sucedió que le revocaron la medida cautelar a la machi. Recuerdo que  fui a su casa por primera vez, siempre la había visto en la cárcel. Ella me recibió, estaba mal. Yo le empecé a decir que era injusto. Sin querer empecé a darle como un discurso, le dije que tenía que apelar. Ella empezó a anotar lo que yo decía y después me dijo “sabe que van a venir los periodistas para acá, ¿usted se puede quedar un rato más y hablar?”. Yo le dije “Sí, yo me quedo aquí  y la acompaño”. Me dijo “Sí, pero yo quiero que usted hable”. Esa fue la primera vez que yo aparecí en un medio diciendo que a mí todo me parecía muy injusto, defendiéndola. Salí ese mismo día en televisión, algo corto, una opinión.

Ingrid Conejeros dejó la vocería el año 2018, pero continúa siendo parte del amplio movimiento político mapuche que acompaña a los presxs políticxs y coloca en lo público su dungu (habla) en torno a los procesos políticos, sociales y culturales.

¿Por qué es necesario realizar estos acompañamientos o procesos de “defensa popular” de los presos políticos mapuche, que exceden el ámbito legal?

La historia nos enseña que no podemos confiar en los procesos judiciales. Donde hay criminalización hacia personas mapuche las herramientas del Estado para nosotros como pueblo no son suficientes, es más, el mismo Estado nos persigue con su aparataje.

Hay poderes que están detrás de estos juicios en estos territorios, como son las forestales, los grandes empresarios y latifundistas que están ostentando un poder increíble. Este poder que, a veces cuesta creer, también permea lo judicial. Sabemos muy bien que hay jueces que están haciendo su propia carrera a través de lo mapuche, que han sido incluso denunciados por otros mismos fiscales. En el año 2016 el fiscal Traipe denuncia presiones desde el fiscal Alberto Chiffelle para que en los casos donde hay comuneros  mapuche involucrados se aplique la mayor cantidad de pena, y ojalá siempre haya condenas. Esas son situaciones que han sido denunciadas y publicadas.

Además, todo este proceso viene acompañado del poder que tienen los medios de comunicación. Siempre se expone lo que dicen los jueces, lo que dicen los abogados, y para nosotros eso es solo una visión. Así, levantamos campañas mediáticas para ir contra la propaganda que se hace a estos casos donde se expone al mapuche como terrorista, como delincuente, como una persona nefasta para la sociedad.

¿Cómo se relaciona la judicialización de dirigentes y autoridades ancestrales mapuche con los procesos de recuperación territorial en el Wallmapu?

En el caso Luchsinger-Mackay hay un vínculo muy evidente: la mayoría de las personas involucradas no pertenecían a una misma comunidad, ni al mismo lof. No eran personas que estuvieran trabajando juntos en una recuperación, eran personas involucradas dentro de sus comunidades como dirigentes. La característica que compartían la machi y los demás es que eran dirigentes que ya habían recuperado territorios, y otros que estaban en reclamaciones.

En el caso de la machi Francisca, ella fue capaz de tomar una herramienta jurídica que es el Convenio 169 y hacer una demanda para proteger el cerro Rahue. Levanta esta demanda en contra de uno de los empresarios más grandes de esta región, Emilio Taladriz, perteneciente a la Multigremial de la Araucanía, un conglomerado de empresarios turísticos, forestales, “agricultores” se dicen ellos, cuando solo son dueños de grandes extensiones, nunca ponen las manos en la tierra.

Finalmente, las dos personas que terminaron siendo condenadas, Sergio Tralcal y José Tralcal, ya habían sido criminalizados en el caso Tur Bus y salieron absueltos, pero estaban en la mira y ellos mismos lo dicen: “porque estaban en proceso de recuperación”. El fundo donde recuperaron territorio es el fundo Santa Margarita donde ocurrió la muerte de Matías Catrileo, esa fue la disputa anterior en ese territorio. Ahí ellos quedaron señalados como personas que habían hecho una recuperación indebida para el gobierno en su momento y luego que se lo entregan, quedan señalados como personas que están en una lista “negra”.

Ingrid Conejeros en conversatorio Rapa Makewe.

En términos del funcionamiento de la justicia chilena para el pueblo mapuche, ¿cómo describirías esta relación?

La justicia opera de una forma distinta para el chileno común en relación a las elites, y obviamente en forma mucho más racista con el mapuche. Se instaló durante mucho tiempo la idea de que el mapuche es un enemigo que hay que combatir. Siempre se cuestionó cuando hablaba de negligencia, montaje, de justicia racista porque hay poca información de cada uno de los casos. Se dice que es racista porque hay un estado que está en contra de un pueblo.

Si hablamos de esta estructura judicial racista partamos por las leyes: hay omisión del Convenio 169, pero sí aplicación de la Ley Antiterrorista que se usa casi exclusivamente en los casos donde hay mapuche involucrados. Esta ley permite que se realicen prisiones preventivas extra largas con períodos de investigación que duran años. Se castiga por anticipado a las personas antes que exista un juicio, pruebas, investigación. El primer día que te acusan ya estás condenado. Finalmente, en su mayoría las personas quedan libres por falta de pruebas o porque se desbaratan montajes como ocurrió en el caso Huracán.

¿Cómo es el rol que desarrollan las policías en esta estructura racista del Estado chileno?

Las policías son otro dispositivo más de la estructura. Están los allanamientos que realizan, donde hay vulneración a niños, mujeres, ancianos. De esto no se sabe en el relato oficial, solo las comunidades tienen sus relatos. Existen casos donde niños han sido baleados, como lo vivió Brandon Hernández Huentecol. Hay policías que están involucrados en asesinatos de mapuche. Hay varios casos emblemáticos como el de Alex Lemún, donde hasta hoy se está buscando en los organismos internacionales la justicia que Chile no ha entregado, donde está identificada la persona que le disparó; y últimamente el de Camilo Catrillanca. Así se puede observar el grado de impunidad que tienen los policías y cómo están resguardados de ser condenados por estos actos que son criminales.

El Comando Jungla es otra arista más de cómo opera este sistema judicial racista porque la policía tiene una especialización para venir a incursionar en el territorio mapuche, ya sea en allanamientos, persecuciones policiales, uso de armas. Ellos reciben una preparación en el extranjero para instalarse en territorio mapuche; es una policía especializada con armas de guerra para combatir a un pueblo que no tiene guerra, que no tiene ejército, que no está formando guerrillas.

Esa especialización de la policía que se refuerza con que existe un bono, dinero asociado al conflicto. Los policías que se especializan en este conflicto ganan más que el resto, son premiados por estar en el territorio mapuche.

¿Cuál es la importancia de la defensa y apoyo a las autoridades tradicionales, dirigentes y lamngen que son criminalizados por el Estado?

La defensa de las personas que son perseguidas por su lucha por el territorio es una defensa de la vida.

Ha sido una defensa no solo basada en los hechos policiales, en decir, esto es una injusticia. Se ha contextualizado dentro de un proceso de un pueblo, que tiene espiritualidad, educación, salud; dimensiones que no están aisladas de este proceso de defensa. Detrás de estas autoridades hay todo un mundo, una visión de vida de un pueblo que determina que esa persona sea una autoridad.

Las machi, los longko y dirigentes que han sido criminalizados son un ejemplo de personas que encarnan el espíritu de un pueblo, que no están luchando por sí mismos. Nosotros como personas vamos a dejar de estar, pero existe una idea de permanecer. Cuando una machi defiende un cerro está defendiendo el agua, los árboles y toda la vida que vive ahí. Nosotros nos vamos y necesitamos saber que vamos a seguir permaneciendo como pueblo.

¿Qué podemos reflexionar mirando el largo proceso de defensa popular de los presos políticos mapuche?

Yo creo que el  pueblo mapuche ha avanzado en mostrar por qué la defensa del territorio es necesaria, ha abierto cierto hermetismo en torno a nuestra cultura y ha bajado los estigmas sobre nosotros que aún persisten en ciertos sectores. La mayoría del pueblo chileno se ha adherido a nuestra causa, pero gracias a nuestro propio esfuerzo. Así como en el último tiempo nuestra bandera se ha levantado como un ejemplo desde el pueblo chileno, para la lucha, es importante que se mantenga para nosotros mismos.

Que el pueblo chileno sepa por qué defendemos a una machi, a un longko, a un werken, que a la vez están defendiendo un cerro, un río u otro espacio. Es también un proceso de aprendizaje para nosotros como pueblo, para saber que mostrar nuestra cosmovisión es algo necesario y también buscar procesos de comprensión mutua, de diálogo y de puntos de convergencia de ambos pueblos.


Ange Valderrama Cayuman

Periodista y ngürekafe. Habita y escribe desde el territorio Cancura. Trabaja en Ficwallmapu, el Festival Internacional de cine y artes indígenas en Wallmapu. Es integrante del Colectivo Rangiñtulewfü, forma parte del equipo editorial de Revista Yene y la Cooperativa editorial Chillka.